El bien común no es un valor fácil de
comprender y de digerir. Y menos aún de practicar. Cuando abandonas tus
necesidades y anhelos más queridos por favorecer a un conjunto de personas que
ni siquiera conoces, estás haciendo gala del desprendimiento y del amor más
universal. De ello se nutre el bien común.
Si comprendes que el bienestar de todos
sirve a tu propio bienestar, habrás dado un inmenso salto, enorme en todo
sentido, en la escala de los valores. Al practicar el bien común, resumes y
retomas muchos valores que te contribuyen como persona. Estás practicando amor, solidaridad,
generosidad y convivencia y de esa manera estás contribuyendo realmente como
persona humana.

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